Esta gran comedia, en tres cuadros, nos muestra a sus cinco personajes protagónicos (Emiliano, Valentina, Hortensia, Ceferino y Ricardo), viviendo en tres épocas muy distintas. La primera, en el año 1860, en Madrid, cuando para solucionar diferentes problemas económicos y amorosos, relacionados con el tiempo, ingieren las sales que los harán inmortales, inventadas por Bremón, teniendo que compartirlas con Emiliano, un cartero entrometido que ha llegado por casualidad a la casa de Ricardo.

La segunda etapa, se desarrolla hacia 1920, en una isla paradisíaca posesión de los Estados Unidos, que se ven obligados a abandonar tras cinco años de permanencia y donde han ido a parar al ver que han sobrevivido a todos sus amigos y familiares. Se nos presentan divididos en dos bandos: Valentina, Hortensia y Ricardo con deseos de morir, hartos de tanto vivir y por otro lado, Emiliano, feliz de la vida y Bremón entregado a sus estudios, hasta que da con la clave de lo que puede ser la solución para todos.

El tercer y último momento, en 1936, ya de vuelta en Madrid, en la casa que comparten Federico y Eloisa, hijos ya entrados en edad de Ricardo y Valentina, y Margarita, la nieta, hija de Eloisa.

En "Cuatro corazones con freno y marcha atrás" es importante entender la trama desde una perspectiva completamente irreal y puramente humorística, a pesar de la intensidad ideológica sobre el sentido de la vida que contiene.

Esta secuencia de situaciones inverosímiles, unida al excelente uso del diálogo que hace el autor, la convierten en una obra entretenida y llena de situaciones cómicas, personajes originales, diálogos desconcertantes, otros personajes muy pintorescos y situaciones humorísticas, que provocan, en principio, nuestra risa, dejándonos, finalmente, una pequeña sombra de duda… ¿Realmente, seríamos felices si lográramos ser inmortales para siempre?